El 18 Festival de Málaga. Cine Español, que se celebra del 17 al 26 de abril, avanza nuevos títulos que compondrán su Sección Oficial, con dos nombres de reconocida trayectoria en el cine español. Se trata de Isabel Coixet, que vuelve al Festival de Málaga con «Aprendiendo a conducir (Learning to Drive)», participando fuera de concurso en la Sección Oficial, y Antonio Hernández, que presenta a concurso su último trabajo, «Matar el tiempo».
«APRENDIENDO A CONDUCIR (LEARNING TO DRIVE)»
Dirigida por Isabel Coixet con guion de Sarah Kernochan, «Aprendiendo a conducir (Learning to drive)» cuenta la historia de Wendy, una escritora de Manhattan que decide sacarse el carnet de conducir mientras su matrimonio se disuelve. Para ello toma clases con Darwan, un refugiado político sij que se gana la vida como taxista e instructor en una autoescuela. Está interpretada por Ben Kingsley, Patricia Clarkson y Grace Gummer.
«MATAR EL TIEMPO»
Producida por Matar el tiempo AIE, La canica films, Kaliu y Laberinto y Mecomlys P.T., «Matar el tiempo» está dirigida por Antonio Hernández, que también firma el guion, y protagonizada por Ben Temple, Yon González y Aitor Luna.
Robert H. Walton (Ben Temple) es norteamericano y trabaja en una ciudad española auditando un banco para una compañía neoyorquina. La rutina y la lejanía de su hogar le empujan a depender de una webcam para estar en su casa a través de la red y entretenerse en su tiempo libre. Pero por internet conoce también a Sara (Esther Mendez), una particular y bellísima mujer en la que encontrará cosas que ya había olvidado.
Pero Robert ignora el viaje que ha iniciado. Cuando está concertando un encuentro con Sara a través del ordenador, dos tipos irrumpen en el apartamento de ella. Son Diego (Aitor Luna) y Boris (Yon González), hermanos de poco más de treinta años, que reclaman a Sara la entrega de su hijo como pago por tratos anteriores con la mafia. Ella se niega a revelarles el paradero de su bebé y Robert se convierte, a través de la webcam, en testigo invisible de los acontecimientos. Ahora le queda elegir: arriesgar su vida o condenar la de la única persona que le devolvió el sentido a la suya.

